Todo a nuestro alrededor son ondas, fuerzas, radiaciones que desprenden una vibración. Los efectos que ejercen las distintas clases de energía y formas que nos rodean son invisibles pero experimentales. Estas energías y formas, ya sean naturales o creadas por el hombre, generan una dinámica en el espacio que incide sobre los entes que conviven cerca de ellas.

De ahí que todo espacio haya de ser considerado un organismo unido a quien lo habita o frecuenta: un espacio acumulador y capacitador de energías que nos reflejan.

Por esta razón es muy recomendable armonizar los espacios en los que habitamos o trabajamos o aquellos que queramos potenciar: empresas, inmuebles o viviendas, terrenos o cultivos.

Con biorresonancia cuántica se pueden armonizar espacios o entornos igual que con los seres humanos o los animales: enviando ondas correctivas a aquellos aspectos que el espacio esté señalando como necesitados de estimulación o aquellas áreas en que el entorno en cuestión esté debilitado, contraído o vibrando disarmónicamente. Su armonización contribuye a la nuestra propia. Y la comprensión de sus efectos ayuda a nuestra evolución.

En agricultura mejora la calidad de los productos agrícolas, aumenta el rendimiento de las tierras y la calidad de lo que se cultive en ellas, combate las plagas y evita tener que usar fertilizantes. El auge de la agricultura biológica hace que la aplicación de la biorresonancia para cultivos sea de especial interés.

También cobra suma importancia en geobiología con el fin de neutralizar radiaciones nocivas para la salud humana que existen en viviendas y lugares de trabajo.

“Todo espacio ha de ser considerado un organismo unido a quien lo habita o frecuenta: un espacio acumulador y capacitador de energías que nos reflejan“.

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