Numerosos factores actúan sobre el bienestar y la salud de nuestros compañeros animales: el modo artificial de vida que les imponemos, la alimentación industrializada, las toxinas medioambientales, la falta de contacto con la naturaleza, la ausencia o escasez de espacios y tiempo de juego con ellos, así como las emociones negativas que absorben de sus cuidadores o personas a su alrededor.

También los animales pueden recibir biorresonancia cuántica y armonizarse no sólo a un nivel físico, sino también liberar miedos, ansiedad o patrones conductuales disarmónicos. Durante la sesión se pueden descifrar sus desequilibrios (propios o absorbidos de los humanos) como si los estuvieran verbalizando. El cuidador toma conciencia de lo que le ocurre y podrá hacer los cambios oportunos en su interacción con ellos.

Al no tener tantos bloqueos como tenemos los seres humanos, prejuicios, resistencias o creencias limitantes, resultan unos pacientes idóneos, muy receptivos a cualquier estimulación. Mi adoración por ellos hace que mi trabajo con estos seres cobre especial sentido para mí. Son un regalo, y desempeñan un papel fundamental en la evolución de nuestro planeta Tierra. ¡Nos están esperando!

 El número de sesiones, su duración y procedimiento son los mismos que para las personas. La principal diferencia reside en que las sesiones serán a distancia, a no ser que el animal viva cerca y sufra un padecimiento que le limite la movilidad a tal grado que el conectarle al sistema sea viable y recomendable.

La terapia cuántica trabaja interactuando con nuestra respuesta eléctrica inconsciente a los distintos alérgenos y desbloquea la emoción que se asoció a ellos.

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