La física cuántica establece que todo lo que existe está compuesto por campos electromagnéticos y que cualquier proceso químico o físico está precedido por vibraciones que dictan la conducta y apariencia de las cosas.

Las moléculas de que se compone la materia están en constante vibración. Estas por átomos que también se hallan en continuo movimiento, y estos por partículas subatómicas que también se mueven rapidísimamente.

Las frecuencias más bajas corresponderían al nivel físico denso, cuya vibración es tan débil que parece estar en reposo, mientras que las frecuencias más altas tienen una intensidad de vibración importante y estarían en correspondencia con un nivel de comunicación más sutil, más alejada de la materia densa, como se daría en el nivel mental, emocional o espiritual. Entre ambos polos hay infinidad de grados de intensidad vibratoria.

En el caso de los seres humanos, cada célula y cada órgano también vibra y tiene su propio patrón o código energético, que a su vez está en armonía con el patrón vibratorio del cuerpo entero. La biorresonancia cuántica trabaja a este nivel subatómico y es capaz, en caso de desequilibrio energético, de restablecer el equilibrio general al actuar sobre sus campos vibracionales y emanación de frecuencias que están en constante comunicación e interacción con el mundo circundante.

“La biorresonancia cuántica trabaja a nivel subatómico y es capaz de restablecer el equilibrio energético general al actuar sobre sus campos vibracionales”.

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