El Universo es una red de relaciones (campos energéticos vibracionales interconectados) de la cual nos nutrimos y con la que interactuamos constantemente. Todos y el Todo compartimos los mismos campos de energía del planeta y del Cosmos, y al mismo tiempo tenemos nuestro campo específico, lo que nos diferencia y unifica a la vez.

 

El campo electromagnético (también llamado campo energético, aura o cuerpos sutiles) que rodea y penetra a todos los seres trasciende la materia o cuerpo físico. En ese campo encontramos todas las características de un holograma (cada una de las partes contiene la información de la totalidad) y opera como un fractal (estructura que se repite infinitamente a diferentes escalas).

En el campo energético o aura del ser humano están inscritas todas las experiencias vividas y toda y toda la información de índole física, mental y emocional. Esta información o energía entra por los chakras (estaciones o centros energéticos del cuerpo) y meridianos (vías o líneas energéticas que recorren nuestro organismo) conectando todos los órganos, glándulas y sistemas.

Esto significa que todo ser tiene un papel activo fundamental en el Cosmos respecto de su entorno físico. Se relaciona con su medio y lo modifica, pero no sólo en el marco que le es accesible, sino incidiendo en el planeta y el Universo mismo. Por eso a veces se dice que restaurando el equilibrio del pulmón de un individuo ayudamos a restaurar el pulmón del planeta Tierra y así sucesivamente (fractalmente) en otros planos.

En biorresonancia, el sistema se conecta con el campo energético del paciente, que tiene una frecuencia o vibración única, y actúa sobre él.

“En el campo energético o aura del ser humano están inscritas todas las experiencias vividas y toda y toda la información de índole física, mental y emocional”.

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